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La IA no tiene proyecto vital. ¿Y nosotros?

Después de leer el artículo «Alarma apocalíptica en la IA», de Elisenda Vallejo (La Vanguardia), me he acordado de Ortega y Gasset y de su ensayo «Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía».

Hombre contemplando un horizonte futurista junto a un halo de luz que representa una IA, estética inspirada en la película Her

Imagen inspirada en la estética de la película «Her» (Spike Jonze, 2013) donde los humanos empiezan a normalizar las relaciones emocionales con IAs.

Le he preguntado a Claude qué pensaría Ortega sobre este artículo y hemos entrado en una conversación muy interesante (hablar con una IA sobre los riesgos de la IA tiene su propia ironía) donde concluimos que el momento que vivimos es justo el tipo de problema que ya anticipaba OyG con la técnica: ninguno de los responsables de desarrollarla se ha parado a pensar en el «para qué».

Vivimos días en los que conviven mensajes de propósito (crecimiento económico, curar enfermedades) con voces internas (Coxon, Hubinger) que admiten que ni siquiera quienes la construyen tienen claro que puedan controlarla. Y con una defensa política (Huang, Musk, la Casa Blanca) centrada en no poner límites, no en articular hacia dónde se dirige el desarrollo.

Como diría OyG, nadie se ha «ensimismado» lo suficiente como para encontrar el argumento vital que esta tecnología debe servir. Al menos nadie con poder de decisión. Más bien lo contrario: en vez de una reflexión profunda que nos ayude a decidir qué queremos que la tecnología logre, nos encaminamos hacia una deriva. Una deriva donde se reacciona por miedo a quedarse atrás.

Justo lo que el filósofo Peter Sloterdijk, por otro camino, llamó «movilización infinita»: moverse por moverse, sin meta clara.[1]

En esta entrevista habla de cómo la pérdida de sentido vital está favoreciendo sociedades sin porvenir claro, que depositan su angustia bien en el resentimiento identitario (partidos de ultraderecha), bien en el vértigo tecnológico (IA).

Décadas separan a estos dos pensadores, pero ambos coincidirían en algo: el peligro no es la técnica ni la política en sí, sino una civilización que ha dejado de preguntarse «¿para qué?» y solo sabe reaccionar.

Frente a este panorama, me parece que hay algo prioritario como sociedad: no podemos permitirnos que ninguna tecnología nos aleje de entender el valor como algo vinculado a características puramente humanas —el criterio propio, las relaciones, el juicio ético, las emociones y su gestión.

Y por el contrario, alejar la interpretación del valor de la función productiva, terreno en el que la máquina cada vez compite mejor.

¿Qué es lo que solo tú puedes decidir ser, que ninguna máquina pueda decidir por ti?


Referencias

  1. «Peter Sloterdijk, filósofo: ‘La gente que deposita su ira en la AfD perderá dinero, perderá la esperanza y perderá las ilusiones'», El País, 12/09/2026. https://elpais.com/ideas/2026-09-12/peter-sloterdijk-filosofo-la-gente-que-deposita-su-ira-en-la-afd-perdera-dinero-perdera-la-esperanza-y-perdera-las-ilusiones.html
Publicado enUncategorized

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